
Antes de convertirse en B.B. y antes de que el mundo entero lo coronara como el Rey del Blues, Mr Riley B. King fue un chaval que iba descalzo por Berclair, Mississippi, cargando la misma mezcla de devoción gospel y hambre insaciable por la zona del Delta que dio origen al blues. Nació en 1925 en una plantación de algodón y por lo tanto, su infancia fue forjada por los mismos materiales que moldearon el género: jornadas interminables recolectando algodón, noches en las que la iglesia gemía desde el alma, y un coro de historias, dolores y resistencias que viajaban entre porches, caminos de tierra y voces que nunca parecían apagarse.
Sus primeros maestros fueron espirituales. El reverendo Archie Fair, el predicador “Santificado”, le enseñó que una canción podía levantar un templo entero; y su primo lejano, Bukka White, fue el guía musical que le abrió la puerta a un mundo nuevo. Cuando B.B. dejó el Delta y se dirigió a Memphis en 1946, hambriento, pelado, cargando poco más que una esperanza infinita, fue como aterrizar en un ecosistema de leyendas: T-Bone Walker se encontraba derramado suavidades y texturas desde una guitarra eléctrica, Sonny Boy Williamson II, a su vez, regalaba lecciones de blues diplomático en las ondas, y esa calle mítica y salvaje llamada Beale Street, le exigió encontrar su propia voz casi de inmediato.

La radio lo terminó de encapsular. La WDIA integrada entre otros por Nat D. Williams, Rufus Thomas y todo aquel equipo pionero, lo adoptó nombrándole el Chico del Blues de la Calle Bafle o “Beale Street Blues Boy”. De ahí surgieron las iniciales que el mundo consagraría posteriormente: B.B. King. Aquellos programas de radio lo convirtieron en una estrella regional y lo situaron como un príncipe del blues electrificado, moderno, listo para abandonar las plantaciones y conquistar no solo Memphis, sino el mundo entero.
El ascenso de B.B. King no fue polémico o extravagante. Fue por maestría. En una escena musical de postguerra, electrizante e hirviente , lo que realmente lo separó del resto de músicos no fue solo su técnica, sino la manera en que sentía la guitarra donde los solos de guitarra se trasformaban en discursos a modo de sermones, esculpiendo patrones musicales dentro de cada frase. Su vibrato, rápido, tembloroso y profundamente vocal, se convirtió en su huella digital. Su fraseo, una nota ligeramente detrás del compás y otra estirada con descaro conversacional, terminó dando lugar a la gramática del blues moderno.

Los temas “Three O’Clock Blues”, “You Upset Me Baby” y “Sweet Sixteen” le colocaron colocó en las listas de venta. Sim embargo, fueron sus giras incansables, de más 300 noches al año por momentos, la base que cementó al mito. Posteriormente llegaría el album Completey well y uno de sus temas, “The Thrill Is Gone” (1969), la pieza clave que lo elevó de héroe del blues a icono global debido al lamento elegante , desgastado e inmortal de un blues vestido de psicodelia.
B.B. no solo tocó el blues, lo empujaba y lo llevaba a Las Vegas, a festivales de rock, a la televisión mundial, a escenarios integrados donde antes un músico negro tenía prohibido incluso soñar con entrar. Su contribución no fue solo musical: fue cultural, social e histórica y trasformó la guitarra eléctrica en un narrador que capturó el momento, convirtiendo a su querida guitarra a la que llamó Lucille, en un mito, erigiéndose como el embajador del Blues.
Durante los 60 y 70, B.B. King construyó puentes con una valentía que muchos puristas no supieron entender entonces. Giró con los Rolling Stones. Grabó con gigantes del jazz. Coqueteó con el soul más orquestal, con el country, con el rock. Y jamás permitió que el blues se convirtiera en reliquia.
Su discografía es un testamento vivo a esa vocación. De entre toda sus lanzamientos destacar su disco Live at the Regal (1965) que es pura energía colectiva, en control absoluto y considerado, por muchos guitarristas, “el mejor directo de blues de la historia”; Blues Is King (1967) pura electricidad, como si estuvieras en pleno club en Chicago absorbiendo sus destellos; Indianola Mississippi Seeds (1970) su gran obra de experimentación que contó con las colaboraciones de Leon Russell o Carole King, y fue producido por Bill Szymczyk; To Know You Is to Love You (1973) , un giro a la calidez y cultura del Groove de Filadelfia; B.B. King in London (1971) una colisión transatlántica en estado puro; There Must Be a Better World Somewhere (1981) pico emocional tardío; Deuces Wild (1997) un auténtico regalo de colaboraciones , entre las que se encuentran Van Morrison, Etta James, Willie Nelson en the otr@s; Riding With the King (2000), album colaborativo junto a Eric Clapton donde alcanza gran reconocimiento, ganando un Grammy y por la tanto, la resurrección de su leyenda y carrera musical; y por último, One Kind Favor (2008) su última gran declaración: reposado, sincero, humano.

B.B. King vivió en la carretera. El escenario era su casa, su capilla, su ágora. Desde los años 50 hasta bien entrados los 2010, hizo giras demostrando una resistencia sobrenatural: 300 conciertos al año en su pico, más de 100 incluso en sus ochenta. Sus shows eran autenticas ceremonias: El esmoquin, la sección de vientos, las bromas suaves antes de empezar, y luego su guitarra, Lucille o más bien, todas las Lucilles, esperando a que él dejara caer la primera frase, siempre tan humana, tan delicada, tan devastadora.
Lamentablemente su cuerpo le marcó los límites, la diabetes lo golpeó temprano y el viaje continuo lo acabo de desgastar. Cuando murió en 2015, a los 89, no se sintió como la pérdida de un músico, sino como el cierre de una época entera ya que B.B. no sólo tocó simplemente el blues, lo encarnó.

La importancia de B.B. King es indiscutible y está incrustada en el ADN de la música moderna, en cada guitarrista que estira una nota con intención, en cada cantante que descubre el blues escondido en otro género, o en cada persona que entiende un concierto como acto espiritual. Todos están, directa o indirectamente, bebiendo de él.
Su influencia va desde el Blues, cuyo fraseo es plano maestro; al Rock con Clapton, Hendrix, Gilmour, Santana entre sus discípulos más visibles; hacia Soul & R&B , con ese vibrato que incluso moldeaba las líneas vocales; pasando por Jazz y fusión, donde su minimalismo narrativo fue absorbido por músicos de instrumentos de viento y guitarristas; llegando hasta el Hip-hop, cuyos temas han sido sampleados durante décadas en beats cargados de historia.
Pero más allá de lo técnico, hay algo más profundo. B.B. King mostró al mundo la dignidad, el peso y la universalidad del blues afroamericano. Luchó contra la segregación subiendo a escenarios institucionalmente vetados. Honró la verdad emocional del Delta mientras empujaba la música hacia adelante. Y vivió lo suficiente para ver generaciones enteras llamarlo maestro.
Es por ello que B.B. King no solo ocupó el trono. Lo construyó…

Discografía Esencial de B.B. King (Selección destacada)
1950s–1960s:
• Singin’ the Blues (1956)
• The Blues (1958)
• King of the Blues (1960)
• My Kind of Blues (1961)
• Blues in My Heart (1962)
• Mr. Blues (1963)
• Live at the Regal (1965)
• Live at the Cook County Jail (1971)
1970s:
• Indianola Mississippi Seeds (1970)
• B.B. King in London (1971)
• L.A. Midnight (1972)
• To Know You Is to Love You (1973)
• Friends (1974)
• Midnight Believer (1978)
• Take It Home (1979)
1980s–2000s:
• There Must Be a Better World Somewhere (1981)
• Love Me Tender (1982)
• King of the Blues: 1989 (1988)
• Lucille & Friends (1995)
• Deuces Wild (1997)
• Riding with the King (with Eric Clapton, 2000)
• One Kind Favor (2008)
Singles Más Importantes
• “Three O’Clock Blues”
• “You Upset Me Baby”
• “Sweet Sixteen”
• “Every Day I Have the Blues”
• “The Thrill Is Gone”
Colaboraciones / Sesiones documentadas / Proyectos conjuntos
• Eric Clapton — Riding With the King (2000)
• U2 — “When Love Comes to Town”
• Bobby Bland — Together Again… Live
• Etta James — “There’s Something on Your Mind”
• T-Bone Walker tribute sessions
• Jazz Crusaders / Crusaders projects
• Robert Cray, John Lee Hooker, Albert King, Buddy Guy — múltiples directos y especiales
• Carole King, Leon Russell, Joe Walsh, Ringo Starr — Indianola Mississippi Seeds sessions
• Philly Soul collaborators — Gamble & Huff, MFSB musicians
• Bonnie Raitt, Sheryl Crow, Van Morrison - Deuces Wild

