
Antes de que el blues tuviera subgéneros, playlists, reediciones de lujo o eruditos queriendo explicarlo todo acerca de ello, existieron tres hombres cuyos nombres sonaron como si llevaran una auténtica corona puesta: Freddie, Albert y B.B. King. No fueron hermanos de sangre, ni compartieron apellido por casualidad, pero estuvieron unidos por una fuerza más profunda, una llama que redefinió el lenguaje de la guitarra eléctrica para siempre, movió las placas tectónicas de la música del siglo XX y preparó el terreno para todo lo que vendría: rock, soul, R&B, funk, y, por supuesto, ese blues moderno que sigue respirando gracias a ellos.
El mito de los “Tres Reyes” no nació como estrategia de marketing. Surgió y creció sobre las esquinas: en juke joints (establecimientos informales, donde había musica, baile, apuestas y bebida, típico en las comunidades afro-americanas en el sureste Norteamericano); o en tiendas de discos donde fanáticos y veteranos discutían sobre vibrato, bendings o técnicas de punteo en guitarra imposibles, y frases que parecían confesiones reales. Se desarrolló detrás de los escenarios donde otros guitarristas se quedaban congelados viendo cómo un hombre podía hacer llorar a una guitarra como si fuera una voz humana. Se extendió por la calle, desde el hambre hasta la emoción pura. Y sobre todo, emanó desde el mismo epicentro de la música.
Fueron tres reyes, con sus tres coronas en sus propios reinos:
Freddie King, el huracán texano, que llevó el blues a puro ataque frontal, con un volumen asesino y unos riffs de guitarra que parecían incendiar, literalmente, los clubes.

Albert King, el gigante zurdo, que cambió las reglas del juego con bendings tan profundos que parecían mover montañas; enseñando a generaciones enteras que la calma puede ser mucho más peligrosa que el ruido.

B.B. King, el diplomático del blues, que tomó el género desde el circuito chitlin’ (la red de locales a lo largo del este, sur y centro norteamericano que albergaron artistas afroamericanos desde los años 1930´s a los 1960´s), hasta los escenarios del mundo entero, transformando a Lucille, su famosa guitarra, en reliquia y a sí mismo en leyenda e institución global.

Juntos no solo tomaron la esencia del blues, la transformaron y evolucionaron expandiendo sus fronteras. Demostraron que el arte afro americano es pura raíz pero futuro al mismo tiempo. Enseñaron que una sola nota, tocada con verdad, puede cambiar una vida.
Esta trilogía pretende ser un viaje vivo, arrabalero, emocional y profundamente humana por las historias, luchas, conciertos, sesiones, glorias y cicatrices de los tres hombres que aún sostienen el esqueleto de la música moderna a través del blues: la música nacida de la supervivencia, pero destinada a la eternidad.
Por lo tanto, ahora es el momento de sentarse, bajar la aguja sobre el vinilo, y dejar que que los Reyes del Blues nos hablen….…

