En la Feria Internacional del Disco, desarrollada en Barcelona el pasado fin de semana del 2 al 4 de Octubre del 2026, tuve la suerte de encontrarme con un espíritu libre, Amandine. Fuen un contacto de causalidad, como digo yo, pues ella iba buscando un disco de alto valor emocional para mí: "Lauryn Hill- Unplugged 2.0". Le indiqué donde podía conseguirlo y se marchó.
Posteriormente, regresó a mi stand, con la sonrisa limpia, transparente y luminosa de la niña interior que encuentra lo que iba buscando. Me sentí afortunado de vivir ese momento. Ella me comentó entonces que era artista, que acaba de lanzar su producción musical : Mandie Rules", y me regaló uno de sus CD's. Desde mi gratitud y sorpresa por su generosidad, le respondí: " Lo voy a escuchar y te voy a dar mi feedback". Nos dimos un abrazo que selló el momento.
Una vez de regreso a casa, ya descansado, abrí su CD, lo escuche y escribí lo siguiente:

Hay discos que simplemente se escuchan y otros que permiten ser vividos. Éste, sin duda alguna, pertenece al segundo grupo.
Desde la primera hasta la última canción, la sensación es la de estar entrando en un universo profundamente íntimo, construido con una honestidad poco habitual y una sensibilidad que atraviesa cada segundo del álbum. No es solo una colección de canciones; es una obra concebida como un viaje sonoro, donde cada elemento encuentra su lugar y aporta sentido al conjunto.
Uno de los aspectos más sorprendentes reside en las letras. Cada tema encierra una pequeña pieza de poesía contemporánea, escrita desde la experiencia, la vulnerabilidad y la reflexión. No hay artificios ni frases vacías: cada palabra parece haber sido elegida con precisión para transmitir emociones reales.
Pero si las composiciones emocionan sobre el papel, es la interpretación vocal la que termina de convertirlas en algo extraordinario. La artista posee un registro muy personal, capaz de adaptarse al idioma sin perder identidad. Cada lengua que utiliza, revela un matiz diferente de su personalidad: el desgarro y la intensidad de su alma cuando canta en inglés, la serenidad casi contemplativa del francés y la delicadeza vulnerable del castellano. Hay ecos que recuerdan a artistas como Bebe, Amy Winehouse o Lauryn Hill, por ejemplo, aunque nunca desde la imitación. Son influencias que aparecen de forma natural, absorbidas por una voz que ha encontrado su propio lenguaje.
Musicalmente, el disco destaca por una versatilidad admirable. Lejos de acomodarse en un único género, cada canción encuentra el sonido que mejor dialoga con su mensaje. Las composiciones se mueven con libertad entre diferentes estilos sin perder coherencia, construyendo un viaje sonoro donde los arreglos nunca buscan protagonismo, sino abrazar la voz y potenciar la emoción de las letras.
Mención especial merece el trabajo de los músicos que participan en el proyecto. Su nivel interpretativo es sobresaliente, pero lo más importante es la complicidad que transmiten. Todo parece respirar al mismo tempo, como si cada instrumento conociera exactamente el espacio que debe ocupar para engrandecer la canción.
A ello se suma una producción impecable. La grabación posee una limpieza y una calidez que permiten apreciar todos los matices: desde los detalles más sutiles de la instrumentación hasta la carga emocional de cada interpretación. Es uno de esos discos que invitan a ser escuchados con buenos auriculares o en un equipo de sonido capaz de revelar todos los pequeños detalles que esconde la mezcla.
Lo que termina diferenciando este trabajo de muchos otros es la sensación de estar ante una obra profundamente personal. Hay tiempo, dedicación, sensibilidad y una evidente búsqueda de la excelencia en cada decisión artística. Todo está cuidado con mimo: las canciones, los arreglos, la producción, las colaboraciones e incluso la estética que envuelve el proyecto. Nada parece casual.
En una época dominada por los lanzamientos rápidos y el consumo inmediato, resulta especialmente valioso encontrar un álbum que apuesta por detener el tiempo y construir una experiencia completa. Una obra que invita a escuchar, volver a escuchar y descubrir nuevos matices en cada reproducción.
Y entonces llega el tema “ I'm Not Alone.”
Amandine me advirtió de que era uno de los momentos culminantes del disco. Lo es. Una canción que consigue suspender el tiempo durante unos minutos, dejando al oyente completamente presente, con el alma llena y la piel erizada. De esas piezas que justifican, por sí solas, volver a poner el álbum desde el principio.
Este disco no busca impresionar con fuegos artificiales. Su mayor virtud es otra: emocionar desde la verdad. Y eso, hoy en día, es probablemente el mayor de los logros.
Enhorabuena Amandina, sigue creando y sigue creciendo a través de la expresión infinita y sin filtro de tus Mandie Rules, pues realmente abrazan el espíritu…

Puedes encontrar su CD o vinilo, si eres amante de ello en la siguiente dirección:
https://mandierules.bandcamp.com/album/amandine
Para saber más de ella:
https://www.instagram.com/mandierules/
https://www.youtube.com/channel/UC1X1hyeKCccOT0gQrjBUuSQ

